La cultura de masas nos hace creer que existe una masculinidad pura y verdadera. Lo cierto es que es que es algo tan difícil de definir como fácil de reconocer socialmente. La cultura pública está fuertemente masculinizada, y con ello se sostienen planteamientos bastante convencionales y rígidos sobre el género, lo cual dificulta la tarea de llevar a cabo un estudio profundo y riguroso. Sin embargo, lo que parece caracterizar a los comportamientos masculinos, más allá de su oposición a los femeninos, son las constantes de poder y dominación, de ahí que el poder, al igual que ocurre con la masculinidad, frecuentemente resista cualquier análisis o definición. No hay ente más indiscutible e incuestionable que aquel del cual no se habla por darse por sentado.
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